SURFING OLÍMPICO – TOKIO 2020. Prof. Ariel González

SURFING OLÍMPICO – TOKIO 2020.

 

Recibo la noticia de la inclusión del surfing competitivo a los JJOO de Tokio 2020, con dudas y doble ánimo.  Primero, la alegría de ver concretada la oportunidad para muchos jóvenes de proyectar metas de superación atlética personal así como el desafío institucional de la Unión de Surf Uruguayo y otras Federaciones Internacionales de construir nuevas estrategias para estar presentes en el evento.  Hace ya 20 años que la ISA negocia la inclusión, no es un esfuerzo y logro menor.  Ha sabido ser consecuente y oportuna en las etapas previas requeridas por los Comités de Admisión del COI, encargados de observar, analizar, evaluar e informar la factibilidad de inclusión.  No fue un camino fácil para un deporte que desde 1965 – y con muchos altibajos – tuvo que romper la imagen inconformista impuesta en el imaginario colectivo, por los estereotipos malibuenses, la industria surfera, los medios y el deporte formal.

La perseverancia fue la mayor virtud de la ISA en todo este período, junto con la estrategia de realizar los Mundiales en Latinoamérica – barato y cercano –  y atraer a numerosos países sin océano ideales, factor de mayor peso en la óptica del COI.  Creemos que el camino pudo abreviarse si la ISA hubiera solicitado asesoramiento a las Federaciones y haber formado Comisiones de profesionales, técnicos, Educadores Físicos, gestores deportivos  y ex – surfistas para crear y diseñar propuestas sólidas a la hora de negociar con el COI.

Fue así un trayecto errático, donde desoyendo la opinión de muchos, el Pte. Fernando Aguerre optó por el vínculo político como método de reconocimiento y aceptación institucional y deportiva de la ISA.  Cuando el COI comunica su condición de uniformizar las olas en una piscina, anteponiendo para ello el principio de equidad objetiva de evaluación común en todos los otros deportes, la ISA quedó sin argumentos sustanciales para valorizar su posición.  Los recursos como coeficientes, grados de dificultad, y la integración de los fundamentos complementarios a la evaluación final del atleta en los deportes calificados como “abiertos” (de alto contenido estético, abstracto y subjetivo como la gimnasia y el patinaje artístico), fueron ignorados.

Pero el mar es pródigo. En los‘90s, el Stand Up Paddle (SUP) y el Paddleboard (remo), de ancestral raigambre austronésica, vinieron al rescate de la ISA.  Los únicos fundamentos complementarios, que podían haber sido integrados como elementos medibles del surfing en ola (remada, apneas, cantidad de olas y ubicación de line-up) surgieron como disciplinas independientes y convincentes para el COI.  Quedó así fragmentado para siempre lo que fuera la rica y real historia del h’e nalu.

La designación del Campeón SUP ISA, Casper Steinfath como su Vicepresidente, así como la designación de la multi-campeona Windsurf Olímpica, Bárbara Kendall                como asesora, reafirma el oportunismo político de la ISA.  Todo sea para la tan esperada inclusión del surfing en los JJOO de Tokio 2020 y la posibilidad juvenil de otra alternativa lúdica en sus vidas.

Como educador, atleta y surfista me sobrevienen otras inquietudes.  Acabo de presenciar muchos eventos de Río 2016.  Todas las culturas  se identifican como tales cuando desarrollan tres características principales: Creencias, Rituales y Objetos.  Así fue como pudimos descubrir nuestra historia y rescatar la historia del He’e Nalu.  La creencia de pertenencia a la familia cósmica, tuvo en los rituales del papa he’e nalu y las viejas tablas kiko’o, olo y alaia, los símbolos más significativos de nuestro juego.  Pero su esencia más pura, provenía de la  Ohana Aina,  la familia de la Tierra, el respeto a todas sus criaturas (Pono), el origen con Ha (aliento sagrado), Wa (Agua que sostiene la Vida), ii (espíritu) y el vínculo profundo con las olas del padre Kanaloa, el Océano.

El deslizar olas era la más pura expresión de esta sociedad cósmica, el Cosmos ondula y nosotros con él.

Los JJOO nacieron dentro de los Panhelénicos, los Juegos Píticos, Ístmicos y Nemeos, en la cosmovisión helénica clásica.   Estos juegos regionales eran rituales que celebraban la comunión con los dioses, las proezas de los héroes, el solaz de la paz y la excelencia física.  Ésta iba unida a los altos ideales de las incipientes democracias griegas, el espíritu del areté, al que cada ciudadano de las polis aspiraba.

Los JJOO se reinician en 1896 – movimiento que desde mediados del siglo 15 ya se había iniciado con torneos realizados por visionarios y en los cuales se inspiró el Barón Pierre Fredy  – impulsados por la aristocracia europea dentro de un efervescente clima de transformaciones y reivindicaciones sociales. El continente mostraba profundos cambios económicos resultado de la Revolución Industrial y terminan provocando la 1ª. Guerra Mundial.  Los gentleman amateur, miran hacia los altos ideales del Humanismo y la democracia griega, y restauran su ritual más emblemático con la esperanza de la paz. En Atenas, logran convocar a 14 países bajo el lema de Citius, Altius, Fortius y así recordar la echekeira , la tan deseada paz en un continente convulsionado.

Mucho ha pasado en la dimensión idealista, nuevas creencias, escuelas económicas, áreas de influencia, sistemas de dominio, 2 Guerras Mundiales y la 3ª.presente, pujas de poder global, categoría de países.  Cruentos etnocidios y varios en camino. O Zeus no nos entiende o no entendemos a Zeus, ni su echekeira.

Los JJOO navegaron con diversa suerte esta historia, teñida muchas veces de presiones políticas, raciales y económicas.  Las dos primeras lograron superar relativamente sus diferencias en la palestra, mientras que la última cobró una inusitada preponderancia ubicándose como la principal e imprescindible protagonista del evento.  Cada 4 años, los JJOO del siglo 21, muestran creciente derroche y opulencia trayendo a la memoria la transformación de la stadia griega en el Coliseo romano.

En Río 2016 se evidenció esta tendencia posmoderna donde los países más ricos (evito decir desarrollados) lograron la mayor cantidad de preseas. Como educadores corporales sabemos que la excelencia atlética depende de la sinergia ocurrente entre las condicionantes del bienestar humano: genética, medio ambiente y estilo de vida.  Hoy, el éxito olímpico se logra utilizando las etnias óptimas en las disciplinas afines, ubicándolas en sofisticados laboratorios y sistemas de entrenamiento a nivel regional o mundial, sostenidos por generosos patrocinios a los equipos de competición.  La mayoría provenientes de los mismos inversores de los JJOO.  El deporte institucionalizado de espectáculo masivo, ha sido captado por el sector privado y es una importante fuente de divisas de las corporaciones internacionales.  La abulia y negligencia de los Estados en integrar el deporte a sus políticas educativas nacionales a creado el vacío que mentes especulativas ocuparon oportunamente, otorgándoles así el control total de esta expresión fundamental en la formación del ser humano.  Es así que una herramienta ideal, no sólo para el desarrollo personal sino por sus efectos permanentes en la salud de los pueblos, acaba por ser administrada por comerciantes.  La Educación y la Salud colapsan y dominan los intereses financieros.

Según la Carta Olímpica, las sedes anfitrionas deben correr con los gastos de los JJOO y casi siempre las sedes deben pagar los sobrecostos: por ejemplo a Montreal 1976 le llevó 30 años para saldar el déficit de 796%.  Londres 2012 fueron los JJOO más caros: 14.800 millones de dólares.  Las controversias son muchas ya que casi todas las infraestructuras quedan sobredimensionadas a las funciones de los programas deportivos nacionales y se desplaza a millones de sus viviendas.  En Río 2016 las Villas quedarían para los Programas de Vivienda. Según estudios, las ventajas son: las mejoras viales y de infraestructura, la señal de apertura y solvencia comercial y un aumento en el filantropismo local.  Meses antes de Río 2016 recordamos el desesperado anuncio de “calamidad” económica por su Alcadía en medio del caos político existente.  Por otro lado el COI, desde 1972, posee los derechos de los JJOO y símbolos, que vende convenientemente.  La CBS pagó U$ 375 millones por los JJOO de Invierno de Nagano 1998.  La NBC pagó U$ 3.500 millones por los derechos totales de transmisión del 2000 al 2012.  Discovery Communications pagará U$ 1.300 millones entre 2018 y 2024.

El muestrario de medallas no siempre espeja una inteligente política deportiva de Estado con programas físico-recreo-deportivos de amplia base demográfica, con diversidad deportiva multidisciplinaria en las fajas etáreas tempranas, con estrategias competitivas de oportunidad, equidad e inclusión y con sólido apoyo financiero del Estado.  La progenie de antiguos esclavos y colonizados, ahora suben al podio victoriosos representando (a veces, la justicia llega a ser, irónica y cruel) a sus antiguos amos y sistemas de dominación.

El sistema de clases sigue presente, algunos se alojan en lujosos cruceros mientras los demás confraternizan en la Villa.  Las medallas áureas valen para los ganadores,  desde U$ 60.000 en Argentina a U$ 700.000 en Singapur.  El oro, dios actual, sigue siendo el símbolo que el atleta debe lograr, lejos quedaron el laurel, el mármol eterno, el camino al Olimpo.  Los rituales y objetos son similares, pero las creencias y su significado, son materialistas. Millones de niños observan, aprenden y desean vivir este tipo de deporte.

A este sofisticado deporte-show, donde los pueblos cumplen vicariamente sueños frustrados, suben la adrenalina sentados, reafirman la auto-estima nacional, descargan las tensiones laborales y se tornan por unos instantes, héroes de la pantalla, arriba el surfing posmoderno.  Con las corporaciones billonarias empujando para ingresar a la marquesina olímpica y los lucrativos e infinitos futuros mercados indio, chino y tercermundista, ansiosos de consumir toda la parafernalia surfera.

Creo que nuestros ruegos fueron escuchados en algún lugar del universo cuántico y la sede japonesa del 2020 decidió realizar el surfing olímpico en olas oceánicas, olas de verdad.  El surfing minimalista de competir en piscinas con olas estándar, el simulacro aceptado y avanzado por la ISA, quedó atrás y esperamos, olvidado.  Duke Kahanamoku fue y es reivindicado una vez más por los amakuas hawaianos, como atleta y surfista oceánico.  Gran logro pues, del Comité Olímpico Japonés.

La ISA tiene aún otros desafíos por delante. ¿Podrá superar el clasismo, con una WSL pujante y sugiriendo desde ya que ellos son la elite?  ¿Tendrán los surfistas tercermundistas las mismas oportunidades de acondicionamiento integral e inclusión que los “desarrollados”?   ¿Cómo accederán 100 países ISA a Tokio 2020, por eliminatorias en los Mundiales, por porcentaje demográfico, por selección nacional, por cupos, etc?  ¿Tendrán los jueces de todos los países el derecho y oportunidad de arbitrar?  ¿Podrán los surfistas exhibir multimarcas de patrocinadores?  ¿Podrán las billonarias ganancias del futuro surfing olímpico verse reflejadas  en mejores becas y subsidios sustanciales ISA, a jóvenes surfistas carenciados de Naciones y Asociaciones menores?

Deberá también solucionar la terrible inequidad del marcaje, donde en un deporte de no-contacto, individual, abierto y de alta apreciación estética-subjetiva, se es benevolente, permitiendo que países con mayor calidad de surfistas, encierren, bloqueen, marquen al quizás único representante de un país pequeño, para eliminarlo.  Hacen ya 15 años que hemos sugerido su anulación y penalizaciones más severas, pero se sigue practicando.

Otra inquietud, y no menor, serán los JJOO en sedes sin mares cercanos y óptimos.  El fantasma del surfing minimalista estará presente, hasta que la ISA y el COI comprendan que el fenómeno lúdico nace de la simbiosis humano-geografía.  Los entornos sugieren, invitan, mandan y el humano crea.  Pienso que no pasará mucho tiempo en que los JJOO adopten otras formas. Como los Juegos de Invierno, también los Juegos Acuáticos y los Juegos de Tierra. Descentralizando, ganarían todos los actores.

Ruego que el ritual consiga volver a los significados originales, que las creencias, los valores primigenios del Océano puedan derramarse, inundar la urbanidad y le devuelva el HA, el hálito sagrado de la vida.  Que los jóvenes surfistas olímpicos del futuro no pasen a ser meramente objetos, artefactos de una cultura consumista, sino más bien, OHANA KAI.

Si el surfing urbano, industrial, globalizado y tecnológico lograra rescatar y recordar sus raíces naturales, de puro ludismo, las mismas que vivían los atletas del Peloponeso, restaurar su origen acuático, la inagotable y generosa dádiva de las olas, sería una expresión trascendental y emancipadora para el humano de este siglo.

 

 

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